El día a día de Juan Pedro Santamaría

Para quienes no me conozcan, me llamo Juan Pedro Santamaría y llevo ya 25 años trabajando en Aernnova.
Durante este tiempo, he tenido la oportunidad de pasar por varios departamentos: Diseño de Utillaje, Diseño, Cálculo, Procesos, I+D y, en los últimos años, Programas. Mi trayectoria me ha llevado principalmente por las oficinas de Madrid e Illescas, aunque desde hace cuatro años mi destino está un poco más lejos: China. Concretamente, trabajo para Aernnova Aerospace Equipment Suzhou y, desde hace tres años, vivo en la fascinante ciudad de Shanghái.

Shanghái, en la costa este de China, es un auténtico gigante urbano, comparable en extensión a la Comunidad de Madrid, pero con una población que supera los 24 millones de habitantes. Para ponerlo en perspectiva, es como meter a la mitad de la población de España en una sola ciudad. El terreno es completamente llano, surcado por el río Huangpu y una red de canales que le dan a algunos barrios un aire vagamente veneciano. Aquí también se encuentra el puerto comercial más activo del mundo, lo que da una idea del ritmo al que se mueve esta ciudad.
La vida en Shanghái es una mezcla constante de contrastes: una limpieza impecable, infraestructuras ultramodernas, la red de metro más grande del mundo y, lo que más sorprende, un nivel de seguridad excepcional. Puedes caminar a cualquier hora del día sin preocupaciones. Eso sí, moverse por la ciudad puede convertirse en una aventura. No por falta de opciones, sino porque es tan vasta que cruzar de un lado a otro puede llevar hasta tres horas, incluso en metro. Y si te atreves a conducir… que Dios te pille confesado. Los atascos aquí son legendarios, especialmente en hora punta.
Profesionalmente, trabajar en China es tan enriquecedor como complejo. Negociar con empresas chinas implica entender profundas diferencias culturales. Uno de los conceptos clave es el guanxi, que va mucho más allá de lo que en Europa entendemos por networking. Aquí, construir una relación personal de confianza va antes que cualquier conversación de negocios. En nuestro país somos más directos: reuniones, objetivos, resultados. En China no es así. Una comida puede durar tres horas y hablar de todo menos del contrato. Pero una vez que se establece el guanxi, esa relación se convierte en un vínculo de lealtad que no tiene precio.

La jerarquía también es muy marcada. Las decisiones importantes se toman arriba, lo que puede ralentizar los procesos. Y la comunicación… bueno, digamos que es raro escuchar un «no» directo. La comunicación indirecta, que busca evitar perder el mianzi (la cara, la reputación), puede llevar a malentendidos si no estás acostumbrado. Sin embargo, una vez que aprendes a leer entre líneas, todo empieza a cobrar sentido.
Mi agenda diaria cambia de un día para otro. Mis responsabilidades principales pasan por el desarrollo de negocio con grandes OEMs como COMAC, AVIC y Airbus China, además de servir de enlace con posibles socios estratégicos. También coordino y superviso nuestras filiales en Suzhou y Shanghái, y represento a Aernnova en diversos foros comerciales y eventos del sector aeroespacial por toda China. Además, trabajamos en estrecha colaboración con Basque Trade & Investment en China, cuya oficina en Shanghái nos ayuda a conectar con empresas locales.
Desde hace aproximadamente un año, también colaboro con el equipo de Supply Chain de Aernnova, concretamente en Corea, donde participamos en el suministro de largueros para la planta de Évora, en los programas Embraer E2-190, E2-195 y KC-390. Esto implica que viajo regularmente a Sacheon, a poco más de hora y media de vuelo desde Shanghái. Allí mantenemos reuniones con KAI y proveedores, siempre alineados con las directrices del equipo de Supply Chain y las necesidades de producción de Évora.
Pero el camino no siempre ha sido fácil. Mi llegada a Shanghái fue, digamos, singular: aterricé el mismo día que comenzó el confinamiento por COVID. Pasé semanas confinado en hoteles y finalmente regresé a España. Meses después, volví, enfrentándome a cuarentenas y a una ciudad bajo estrictas restricciones, con constantes pruebas PCR. Todo en un chino perfecto, por supuesto. Afortunadamente, conté con el apoyo incondicional de nuestro equipo de RR. HH., a quienes estoy sinceramente agradecido.
Aunque actualmente soy el único representante de Aernnova basado en China, quiero recalcar que este rol es, ante todo, un trabajo de equipo. El apoyo de los distintos departamentos y personas dentro de la organización ha sido fundamental para poder desempeñar mi labor aquí.
A todos los que habéis contribuido de una forma u otra: gracias de todo corazón.
Conciliar esta experiencia con la vida familiar no ha sido sencillo. Sin embargo, mi mujer ha podido acompañarme durante estancias prolongadas gracias a la flexibilidad de su trabajo en España. Esas visitas hacen que la distancia sea más llevadera y nos permiten disfrutar juntos de lo que Shanghái tiene que ofrecer: desde restaurantes que representan cada rincón del mundo hasta paseos al atardecer por el Bund o escapadas de fin de semana a Hangzhou o Suzhou, dos joyas que parecen sacadas de un cuadro tradicional chino.

En resumen, vivir y trabajar en Shanghái significa sumergirse en un mundo diferente, lleno de retos y oportunidades, donde cada día es una lección intensiva de adaptabilidad, paciencia y apertura mental. Es también una oportunidad única para representar a Aernnova en una de las regiones más prometedoras del planeta. Y aunque a veces echo de menos unas buenas tapas o escuchar español por la calle, tengo que admitir que cada día aquí me enriquece tanto personal como profesionalmente. Y eso, sin duda, merece la pena.





